Fue muy vasto el origen de tu sangre
y un largo aprendizaje tu destino.
Fue el llegar de preguntas y de asombros;
fue el sembrar de milagros cada signo.

Fue el que rostros y tierra se miraran
y tierra y rostro fueran un deseo;
fuiste entonces, América sin nombre,
el regazo de un mundo postrimero.

Pasaron siglos rudos, siglos suaves,
y pasaron los siglos ya olvidados.
Pasó Chichén Itzá, pasó Palenque,
pasó Chavín y Nazca y Tiahuanaco.

Desde oriente vinieron nuevos rostros
y la nueva corriente de los siglos,
y de nuevo el asombro, las preguntas,
y de nuevo un milagro en cada signo.

Tenochtitlán perdió sus aguas mansas.
Tahuantinsuyo quebró sus cuatro puertas.
El Dorado abrió sus espejismos
y otra estirpe nacía en el planeta.

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